¡Hola, querida familia! Raquel Torres por aquí, listos para compartir con vosotros un ratito de reflexión y, como siempre, para conectar con el corazón de lo que significa ser madre y padre hoy. Hoy quiero que charlemos sobre algo que nos preocupa a muchos: esa idea de que nuestros hijos nos lo cuenten absolutamente todo. Queremos esa conexión total, ¿verdad? Pero a veces, se nos olvida que la confianza no se impone, ¡se construye día a día!
Hace poco vi un vídeo que me tocó el alma, ese en el que una madre le pide a su hijo que le cuente si tiene algún problema, pero él solo responde con monosílabos, sumergido en sus cascos y su móvil. ¿Os suena esa escena? Es tan real como la vida misma. Esa madre lo que busca es conexión, es que él se abra, pero se encuentra con un muro. Y es que ahí está la clave: esa confianza no nace de la nada, es un edificio que vamos levantando juntos, ladrillo a ladrillo.
¿Qué pasa cuando la conexión se pierde en el día a día?
Piénsalo bien. Queremos que nuestros hijos confíen en nosotros, que nos cuenten sus miedos, sus alegrías, sus preocupaciones. Pero, ¿estamos creando el espacio para que esa confianza florezca? A veces, sin darnos cuenta, actuamos en modo automático. Tomamos decisiones por ellos basándonos en la comodidad, el miedo o la costumbre.
Recuerdo una etapa en la que, al ir al restaurante, yo ya estaba pidiendo el menú infantil para mi hijo sin preguntarle. Pollo con arroz, patatas fritas o macarrones con queso. ¿Para qué complicarse, verdad? Sabía que se lo comería y así evitaba que probara algo nuevo y no le gustara. Pero, ¿qué le estaba enseñando con eso? Que mejor no arriesgarse. Que ya hay alguien que decide por él. Que es más seguro no experimentar.
Si siempre elegimos su ropa, no desarrollará su propio estilo. Si decidimos qué deporte practicar, no descubrirá lo que realmente le gusta. Si evitamos que tomen decisiones, no aprenderán a confiar en sí mismos. ¿Cómo esperamos que nos cuenten lo importante si en lo pequeño no les damos espacio para decidir y equivocarse? Así se aprende, probando, experimentando.
La mente curiosa: el primer ladrillo de la confianza
Uno de los principios del Mindfulness es actuar con mente curiosa. Significa ver cada experiencia como nueva, cada momento como único. Nuestros hijos están en constante evolución, pero a menudo nuestra mente nos dice: «Mis hijos son así, ya lo sé». ¿Y si no fuera tan cierto?
Stephen R. Covey, en «Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva», explica que si queremos que nuestros hijos sean de una manera, primero debemos verlos como tal. Él mismo relata cómo, al sobreproteger a su hijo y verlo como «débil», reforzaba esa idea en el niño. Cuando cambió su percepción y empezó a tratarlo con confianza, ¡su hijo también cambió!
Para que nos cuenten, para que confíen, necesitan sentirse seguros para tomar decisiones y cometer errores. No se trata de dejarlos solos, sino de acompañarlos en su exploración. En lugar de pedir por ellos, podemos explicarles la carta y dejar que elijan. Invitarles a preguntar si no saben qué es un plato. Recordarles que no pasa nada por probar algo nuevo.
Cuando los niños crecen con esta mentalidad, se sienten seguros para experimentar y confiar en sus elecciones. Y lo más bonito es que, cuando tú no estés, no esperarán ese momento para atreverse, sino que lo harán porque lo han aprendido a tu lado. Esa es la base de la confianza.
Construyendo un puente, no un muro: el papel de las creencias heredadas
A veces, sin darnos cuenta, arrastramos patrones y creencias de nuestra familia de origen. Si vimos a nuestros padres evitar conversaciones difíciles, es probable que hoy nos cueste confrontar ciertos temas. Y esto, claro, afecta cómo creamos ese espacio de confianza con nuestros hijos.
Pero ¡la buena noticia es que podemos cambiar estos patrones! No estamos condenadas a repetir la historia. El autoconocimiento es clave para identificar lo que arrastramos y decidir qué nos sirve y qué no.
La paciencia con nuestros hijos se construye sobre tres pilares fundamentales: Mindfulness (aprender a estar presentes y observar sin juicios), Autoconocimiento (identificar esos patrones que repetimos) y Gestión Emocional (elegir cómo reaccionamos).
Si sientes que este blog te resonó en el alma, y quieres empezar a construir esa confianza verdadera, en RT El Método (nuestro programa grupal) y en RT En Calma (nuestro programa individual) te enseño herramientas de Mindfulness, PNL y Coaching para transformar la crianza y la forma en que te relacionas con tu familia. Te ayudo a tomar conciencia de tus reacciones automáticas, a identificar patrones familiares y a responder con consciencia, en lugar de impulsivamente.
¿Listas para empezar a construir ese puente de confianza con tus hijos? ¡Te espero!