No es personal, es una creencia: La llave para desbloquear la conexión familiar

¡Hola Familia! Estoy aquí, pensando en una de las sensaciones más dolorosas en la vida familiar: el sentir que no te hacen caso. ¿Te ha pasado que sientes que te ignoran, que hablas y parece que estás hablando con la pared? Que repites las cosas una y otra vez, y la otra persona, ya sea tu pareja, tus hijos, o incluso tus padres, simplemente sigue a lo suyo.

Pues te voy a decir algo que quizá te sorprenda: tienes razón.

Sí, sí, estás en lo cierto. Sientes que te ignoran. Pero quiero que sepas que no es por ti. No es un ataque personal. Son ellos. Y cuanto antes dejes de tomarte su comportamiento como una ofensa directa, antes vas a dejar de sufrir. Porque cuando dejas de tomarte todo como algo personal, puedes empezar a ver lo que realmente está pasando.

La trampa de las "gafas de ignorancia"

El problema no es la acción, es la interpretación. Cuando tu mente se convence de que “me ignoran”, lo único que va a buscar es pruebas que confirmen esa idea. Y claro… las encuentra. Si tu hijo está mirando el móvil mientras hablas, tu cerebro lo cataloga como prueba A. Si tu pareja no te responde a la primera, prueba B.

Quizá ahora estés pensando: “Raquel, no te entiendo… ¿Cómo que es una creencia?”

Vale, te lo explico fácil, como Raquel Torres, tu Coach Familiar. Una creencia es una idea que das por cierta, sin cuestionarla. Y claro, si tú crees firmemente que te ignoran, tu cerebro se pone las «gafas de todo el mundo, pasa de mí». Y eso distorsiona lo que ves, lo que sientes y lo que haces. Tu tono ya sale a la defensiva, con la creencia por delante, y la otra persona, en lugar de escuchar, se cierra.

Primer plano de una mujer con expresión de preocupación, mientras sostiene unas gafas en la mano o se las está poniendo, simbolizando la distorsión de la creencia “me ignoran”.

El adolescente no es el problema, es el espejo

Una de las generalizaciones más típicas que escucho es: “La adolescencia es una etapa muy complicada.”

¿Sí? ¿Por qué? Todo el mundo lo repite, pero… no tiene por qué serlo. Si tú sabes gestionar tus emociones, ser asertiva o asertivo y mantenerte coherente, la adolescencia puede ser una etapa más, con sus retos, sí, pero sin tanto drama.

El problema no es la adolescencia. Es lo que despierta en ti. Si no te conoces de verdad, tu hijo o hija va a tocar todas tus heridas. Va a ser tu espejo. Y ahí es donde duele.
Pero ni todos los adolescentes son un caos, ni todas las madres o padres lo pasan mal. Eso es una generalización… y las generalizaciones son creencias disfrazadas de verdades.

“Todas las suegras son malas.” “Todos los cuñados son pesados.”

¿Te suena? Pues lo mismo pasa con “todos los adolescentes son un problema”. Estas creencias programan tu mente para la guerra.
Y como dice una frase que me encanta: “La mente es una excelente sierva, pero una pésima jefa.”

Mujer hablando mientras su hijo adolescente o su pareja está usando el móvil sin prestarle atención. Ella muestra frustración y desconexión emocional.

El caso de Eva: Rompiendo la creencia paralizante

Te cuento el caso de Eva, una de mis clientas de Familia RT. Eva creía firmemente que su hijo adolescente la ignoraba. “Mi hijo siempre me ignora” — me decía, con ese tono de resignación y frustración.

Y claro, cada vez que lo llamaba, su tono ya salía cargado, a la defensiva, con la creencia por delante. ¿Resultado? Discusión asegurada, porque su hijo captaba el juicio en su voz antes que el mensaje. Ella iba a la conversación con la expectativa de ser ignorada, y su cerebro se encargaba de que así fuera.

Hasta que en RT El Método trabajamos esto en profundidad. Eva hizo clic. Dejó de ir con la suposición y empezó a ir con la intención de conectar. Entendió que no solo había una manera de llegar a él, sino muchas. Quizá no la miraba a los ojos, pero sí la escuchaba mientras jugaba. Quizá no le respondía con entusiasmo, pero el gesto de hablarle de su juego favorito abría una rendija de conexión.

Y cuando su mente se abrió, su relación también se abrió.

Mujer o madre mirando a su hijo adolescente con serenidad mientras él juega o realiza una actividad. Ambos muestran calma y una conexión más suave y abierta.

Tú tienes todo el poder: El cambio empieza en tu mirada

Por eso, soy una fiel creyente de que si no te conoces al 100 %, es muy difícil aplicar herramientas de comunicación o crianza respetuosa. Porque lo de fuera no sirve si dentro estás en guerra. Esto no va de aplicar técnicas. Va de mirarte.

De entenderte. De sanar tus heridas para poder acompañar las de los demás. Porque cuando tomas conciencia de que lo que estás viendo son creencias, puedes cambiar tu forma de pensar. Y si cambias tus pensamientos, cambias tus emociones… y si cambias tus emociones, cambias tus resultados.

Esto vale para todo, pero sobre todo para las relaciones.

Así que la próxima vez que pienses algo como: “Siempre me ignoran.” “Nunca me escuchan.” “Todos están contra mí.”

Para. Respira. Y hazte esta pregunta: “¿De verdad es siempre, nunca o todos?”
Si encuentras una sola excepción, esa generalización ya no es verdad absoluta. Y cuando rompes esa creencia, abres la puerta a otra forma de mirar y de relacionarte.
De dentro hacia fuera. Ahí empieza todo. No se trata de que ellos cambien. Se trata de que tú elijas mirar distinto. Porque cuando tú cambias la mirada, cambia la energía. Y cuando cambia la energía, cambia la relación.

Las próximas semanas te voy a contar las tres claves para empezar ese viaje hacia dentro, para que después puedas vivir hacia fuera… en calma, con presencia y como te dé la gana, pero en paz. Y recuerda: no estás sol@, solo estás a punto de verte de verdad.

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