¡Hola, amiguis! Qué alegría saludarte una semana más por aquí. Prepárate una buena taza de té o café, ponte cómoda y regálate este ratito para ti, porque hoy vengo a hacerte una de esas preguntas que se quedan flotando en el aire y te remueven por dentro.
Mari, hay una reflexión a la que llevo días dándole vueltas en la cabeza y quiero planteártela con total sinceridad: ¿Y si resulta que tratas bien, con paciencia y con cuidado a todo el mundo… menos a ti misma?
Piénsalo un segundo, amiguis. Seguro que te desvives por cuidar a tus hijos y que no les falte de nada, te preocupas por el bienestar de tu pareja, estás siempre pendiente de tus padres, eres la amiga atenta que apoya a todas y en el trabajo cumples al doscientos por ciento. Pero… ¿qué pasa contigo?
¿Cómo te hablas a ti misma cuando cometes un error?
¿Qué te dices por dentro cuando pierdes la paciencia en mitad del salón?
¿Cómo te tratas cuando se te escapa un grito?
¿Qué pensamientos te invaden cuando sientes que, por más que corres, no llegas a todo?
"Era como un trapo viejo"
Esta semana he tenido una conversación absolutamente preciosa y conmovedora en el podcast con Tere. Hubo una frase concreta que me dijo durante la entrevista que se me quedó clavada en el corazón. Cuando le pregunté cómo se sentía realmente cuando llegó por primera vez a la Escuela RT, no me habló de los berrinches de sus hijos, ni del volumen de trabajo, ni de los desencuentros con su pareja.
Me miró a los ojos y me dijo: «Raquel… me sentía como un trapo viejo».
Habló de ella. De cómo había dejado de valorarse por completo. De cómo llevaba años sin escucharse. De cómo se había volcado tanto en cuidar, atender y sostener a los demás que se había olvidado de la persona más importante con la que va a convivir absolutamente todos los días de su vida: ella misma.
El problema casi nunca son los hijos
Ahí volví a entender, una vez más, esa gran verdad que compruebo cada semana en las sesiones individuales. Muchas madres llegan a mi consulta convencidas de que el problema reside en el comportamiento de sus hijos. Creen que necesitan desesperadamente aprender otra técnica de crianza, un método novedoso para poner límites sin enfadarse o la frase mágica perfecta para que les hagan caso a la primera.
Pero la realidad es que casi nunca empezamos por ahí.
Porque cuando la relación que tienes contigo misma está contaminada por la culpa nocturna, la autoexigencia feroz y las dudas constantes, da exactamente igual la técnica que utilices. En ese estado de agotamiento interno:
Cada límite que intentas poner se siente como un examen ante el que te van a suspender.
Cada discusión cotidiana en casa confirma esa voz cruel que te repite que «no lo estás haciendo bien».
Terminas educando a tus hijos desde el miedo a fallar, y jamás desde la calma.
La relación más importante de tu familia empieza en ti
Por eso no me cansaré de repetirte que la relación más importante y transformadora de tu hogar empieza mucho antes que la relación con tus hijos: empieza contigo misma. Y esto no tiene nada que ver con ser egoísta, amiguis. ¡Todo lo contrario! Cuanto mejor te trates a ti, cuanto más te cuides y te respetes, muchísimo mejor podrás relacionarte con las personas que más quieres en este mundo.
Te invito con todo mi cariño a escuchar el episodio del podcast de esta semana. No porque Tere tenga una historia extraordinaria e inalcanzable, sino porque estoy convencida de que te vas a ver reflejada en sus palabras. Y quizás descubras que llevas demasiado tiempo intentando cambiar lo que ocurre fuera, cuando la persona que más necesita tu atención, tu abrazo y tu perdón eres tú.
🎙️ Puedes escuchar la entrevista completa dándole directamente al botón rosa de abajo.
Tu hoja de ruta para recuperar la confianza
Si mientras escuchas a Tere sientes que ha llegado el momento de dejar de cargar con todo tú sola y de tratarte como un último plato, me encantará acompañarte de la mano.
Ya he abierto la agenda para las Sesiones de Claridad.
Esta no es una sesión instructiva donde te voy a dar una lista de tareas para educar a tus hijos. Es un espacio íntimo, seguro y sin juicios para entender qué está sosteniendo hoy el caos, la culpa o las dudas en tu vida, y ayudarte a trazar una hoja de ruta clara para recuperar la confianza en ti misma. Porque cuando tú recuperas tu seguridad, no solo cambia la relación contigo: empieza a cambiar de forma mágica la relación con toda tu familia.