¿De verdad crees que «se le pasará con la edad» o solo tienes miedo de mirar la realidad?

¡Hola, cariño! Qué alegría saludarte una semana más por aquí. Prepárate una buena bebida fresquita o un té bien caliente, acomódate en tu rincón favorito y regálate este ratito para ti, porque hoy vamos a destapar una de esas frases hechas que nos repetimos para consolarnos pero que, en el fondo, nos dejan atrapadas en la misma casilla de salida.

Mari, las vacaciones continúan o están a punto de terminar, pero los gritos… los gritos no entienden de calendarios ni de vacaciones. En agosto el motivo de la batalla son las pantallas; en septiembre serán las prisas sofocantes por llegar a tiempo al cole, los dramas para salir de casa por las mañanas, las cenas a deshora, los deberes… Siempre, absolutamente siempre, va a haber un motivo externo para perder la paciencia.

Y entonces, cuando estás al límite, vuelves a escuchar esa frase típica de abuelas, vecinas y cuñadas: “No te preocupes, mujer, si eso se le pasará con la edad”. ¿Cuántas veces te la han dicho ya, amiguis? Y lo peor no es que te la digan desde fuera; lo verdaderamente peligroso es que tú también quieres creértela con todas tus fuerzas.

La trampa de esperar a que el tiempo lo arregle todo

Pensar que el simple paso de los años lo va a solucionar todo da una tranquilidad inmediata y muy golosa, no te voy a mentir. Es como ponerle una tirita a una herida que necesita puntos. Te permite respirar hoy, pero te condena a esperar. Y mientras tú te quedas sentada esperando a que el calendario haga magia, la distancia emocional con tus hijos se va haciendo cada vez más grande.

Hace unos años conocí a Raquel. Fue la primera madre que decidió dar el salto y confiar en mí cuando empecé este proyecto. Llegó a mi consulta absolutamente convencida de que el gran problema de su casa era su hijo: que si contestaba mal, que si no obedecía a la primera, que si todos los santísimos días terminaban envueltos en discusiones desgastantes. Y ella, como nos pasa a tantas, se consolaba pensando que con el tiempo y al hacerse más mayor, todo mejoraría solo.

Hasta que un día la vida le hizo abrir los ojos y se dio cuenta de una verdad que lo cambió absolutamente todo: ni su hijo era el problema, ni ella era una mala madre.

Los gritos empiezan mucho antes del primer grito

Lo que realmente estaba sosteniendo toda esa tensión en su salón era algo mucho más profundo: la tremenda inseguridad desde la que ella se relacionaba con su hijo.

Porque grábate esto a fuego, amiguis: cuando dudas constantemente de ti misma como madre, cada límite que intentas poner se siente como un examen ante el que te van a suspender. Cada discusión cotidiana te parece un fracaso estrepitoso. Y cada grito que se te escapa no hace más que confirmarle a esa maldita voz interior que te dice: «Lo ves… lo estás haciendo todo mal».

Por eso siempre repito en mis talleres y en las mentorías que los gritos en casa empiezan mucho antes del primer grito. Empiezan el día exacto en que dejas de confiar en ti. Y cuando la confianza en ti misma está rota:

  • No hay técnica de disciplina que funcione.

  • No existe la frase perfecta de manual que lo calme.

  • No hay castigo mágico que arregle el conflicto.

Primero necesitas transformar la manera en la que te relacionas contigo misma, con tus miedos y con tus exigencias. Y solo desde ese nuevo lugar de paz interior empieza a cambiar, como por arte de magia, la relación con tus hijos.

La historia real de Raquel en el podcast

Hace muy poquito tuve la suerte de entrevistar a Raquel en el podcast. Nos regaló su testimonio con una generosidad gigante, contando sin filtros cómo pasó de pensar que su hijo era un «niño difícil» a descubrir que lo único que su hogar necesitaba desesperadamente era que ella recuperara la confianza en sí misma.

Si alguna vez te has sorprendido a ti misma suspirando en el sofá y pensando «bueno, a ver si esto se le pasa al crecer…», te recomiendo de corazón que escuches este capítulo. Porque quizás no necesites seguir esperando a que pasen los años sufriendo en silencio. Quizás solo necesites empezar a mirar a tu familia desde un prisma completamente distinto.

🎙️ Puedes escuchar el episodio al completo dándole directamente al botón rosa que encuentras aquí abajo.

Tu mapa de ruta hacia la claridad

Y si al terminar de escucharnos sientes que ya te has cansado de improvisar parches, de gritar y de preguntarte todas las noches qué estás haciendo mal, ha llegado el momento de poner orden.

Ya puedes reservar tu Sesión de Claridad para septiembre. Aunque durante el mes de agosto no realizamos sesiones porque nos tomamos un respiro para recargar pilas, la agenda para la vuelta al cole ya está oficialmente abierta.

En esa hora juntas, le pondremos nombre y apellidos a eso que hoy en tu casa solo sientes como un caos incontrolable. Y cuando al fin entiendes lo que está pasando en la superficie y en la profundidad de tu hogar, aparece algo maravilloso que muchas madres llevaban años sin experimentar: Claridad real. Reserva tu plaza abajo y no lo dejes para cuando la rutina te desborde.

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