¿Y si lo que te agota no es hacer las cosas, sino ser la directora de operaciones de tu casa?

¡Hola, amiguis! Qué alegría enorme saludarte una semana más por aquí. Haz un parón en lo que estés haciendo, sírvete tu bebida favorita, ponte cómoda y regálate este ratito para ti, porque hoy vamos a poner sobre la mesa algo que nos aplasta a casi todas y de lo que muy pocas veces se habla con total honestidad.

Mari, deja que te comparta un dato para empezar: el 78 % de las madres en España reconoce sentirse mentalmente sobrecargada. Solamente un 22 % libra de esta sensación… vamos, que son cuatro gatos contados. Y la verdad es que no me extraña lo más mínimo, amiguis.

Porque a lo mejor en tu casa las tareas están «repartidas» sobre el papel. Tu pareja hace la compra de vez en cuando, lleva a los niños al médico o pone lavadoras los fines de semana. Pero, seamos francas, Mari…

  • ¿Quién prepara la lista de lo que falta en la despensa?

  • ¿Quién está pendiente de pedir la cita médica antes de que se acaben las horas?

  • ¿Quién sabe perfectamente que mañana tu hijo necesita la camiseta de deporte limpia y seca?

  • ¿Quién recuerda las fechas de los cumpleaños, los pagos de las extraescolares, la revisión del dentista y los cinco euros justos que hay que llevar al colegio?

Exacto. Tú.

Tener ayudantes no es delegar de verdad

Los demás en casa hacen cosas, sí, pero tú sigues siendo la directora de operaciones de todo el tinglado familiar. Y eso no es delegar, amiguis. Eso es tener ayudantes a los que hay que supervisar, mientras tú continúas pensando, organizando, recordando, gestionando y anticipando absolutamente todo.

Y lo peor de esta mochila invisible es que esa carga mental desbordante no se queda guardada en un cajón dentro de tu cabeza. Termina saliendo hacia afuera.

Sale el día que tu hijo no te hace caso a la primera. Sale cuando tu pareja te pregunta desde la cocina dónde está el bote de tomate que tiene literalmente delante de sus narices. Sale cuando llevas cinco veces repitiendo exactamente lo mismo. Y entonces… explotas. Y no explotas solamente por la tontería que acaba de pasar en ese instante; explotas por los toneladas de peso invisible que ya llevabas acumulados en la espalda desde que te levantaste por la mañana.

Por qué sentimos que todo depende de nosotras

En el episodio del podcast de esta semana profundizamos sobre por qué nos cuesta tanto soltar el control en nuestro hogar, qué significa delegar de verdad (y no solo repartir recados) y cómo esa necesidad imperiosa de ocuparnos de todo para que salga «perfecto» termina destrozando la convivencia con nuestros hijos y nuestra pareja.

Además, te propongo un ejercicio práctico muy sencillo para que esta misma semana puedas empezar a vaciar un poco de espacio libre dentro de tu cabeza. No te voy a engañar, amiguis: fácil no va a ser, porque exige soltar el control, pero sencillo de aplicar, sí.

🎙️ Puedes escuchar el capítulo completo dándole directamente al botón rosa que te dejo aquí abajo.

Cuando lo escuches con calma, quiero que te hagas esta pregunta a solas frente al espejo: ¿De verdad nadie más en mi casa puede hacerse cargo… o soy yo la que siente que no puede dejar de controlar?

No necesitas poder con todo para ser una excelente madre

Quizá la solución a tu cansancio no sea aprender un nuevo método para organizarte mejor o comprarte otra agenda bonita. Quizá lo que necesitas es comprender por qué sientes que absolutamente todo depende de ti y qué ocurre dentro de tu cuerpo cuando las cosas en casa no salen exactamente como tú esperabas.

Esto es precisamente uno de los pilares fundamentales que trabajamos dentro de la mentoría Vínculo.

Si sientes que esa sobrecarga mental constante se está traduciendo en gritos diarios, culpa nocturna, distancia con tu pareja o esa triste sensación de que ya no disfrutas de tu propia familia, no esperes a estar rozando el colapso para pedir ayuda.

Tu espacio para soltar el control

Te invito a dar tu primer paso reservando una Sesión de Claridad gratuita conmigo.

Será un espacio seguro e individual para escucharte sin juicios, comprender qué está sosteniendo hoy esa hiperresponsabilidad y ver si puedo acompañarte a dejar de reaccionar en automático. Para que aprendas a soltar, recuperes tu tranquilidad y vuelvas a conectar con los tuyos. Porque grábate esto a fuego en el corazón, amiguis: no necesitas poder con todo para ser una madre maravillosa. 

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