¡Hola, cariño! Qué alegría enorme saludarte una semana más por aquí. Ponte cómoda, haz una pausa de verdad, sírvete tu bebida favorita y regálate este ratito para ti, porque hoy vengo a hablarte de un bucle nocturno en el que casi todas las madres nos hemos atrapado alguna vez.
Mari, deja que te haga una pregunta muy directa: ¿cuántas noches te has acostado en la cama repasando el día y diciéndote entre lágrimas: «Mañana lo voy a hacer mejor»?
Mañana voy a tener muchísima más paciencia.
Mañana prometo no gritar por nada del mundo.
Mañana no me voy a poner así por una gilipollez.
Y llega la mañana siguiente… y vuelta la burra al trigo. Volvemos a caer exactamente en la misma piedra de la que juramos salir.
Pedir perdón a un hijo dormido y la culpa nocturna
En el episodio del podcast de esta semana he tenido el regalo de invitar a Romina, una mujer valiente a la que acompañé mano a mano durante tres meses dentro de la mentoría Vínculo. Y hubo algo profundamente honesto que me dijo durante la entrevista que me tocó el alma.
Me contaba que muchas noches, cuando la casa por fin se quedaba en silencio, se acercaba a la cama de su hijo Ferrán mientras dormía, lo abrazaba muy fuerte y le pedía perdón entre sollozos tras haber explotado con él horas antes. Y ahí aparecía la culpa aplastante a terminar la faena:
«¿Por qué coño me he comportado así con él?»
«¿Le estaré dejando una herida emocional imborrable para siempre?»
«Mañana me voy a esforzar el doble y lo haré mejor.»
Pero llegaba el día siguiente, Ferrán hacía cualquier tontería cotidiana, ella volvía a sentir la rabia de que no la escuchaba o pasaba de ella… y en tres segundos se activaba exactamente el mismo volcán por dentro.
Cuando sabes mucha teoría pero la teoría se te cae a pedazos
Y fíjate bien en esto, amiguis, porque es clave: Romina sabía un montón sobre crianza respetuosa. Había leído muchísimos libros, llevaba años haciendo terapia personal y tenía cristalino en su cabeza cómo quería relacionarse con su hijo. El problema jamás fue la falta de información.
Le faltaba descubrir el paso de antes. Necesitaba entender qué botones emocionales se le activaban dentro cuando Ferrán no hacía lo que ella esperaba.
Porque puedes conocerte de memoria veinte formas de poner un límite amable, puedes haberte leído media biblioteca de disciplina positiva y saberte la teoría al dedillo… pero si en el momento del conflicto se te dispara una herida del pasado o un miedo antiguo… ¡adiós teoría, amiguis! Sale el grito enfurecido, el «¡TE LO HE DICHO 28 VECES!»… y después llega nuestra querida culpa a rematarnos.
Por eso, con Romina no empezamos intentando «arreglar» a Ferrán. Empezamos mirándola a ella. Y comenzaron a salir a la luz cosas de su historia personal que jamás había relacionado con los desencuentros con su hijo.
No necesitas ser una madre zen que levita por el salón
Lo que más me emociona de la entrevista de Romina es que no te habla desde un altar de perfección. No te dice que se ha convertido en una madre zen inmutable que levita por el salón mientras su hijo hace exactamente todo lo que ella quiere. ¡Para nada!
Romina sigue teniendo días perros, a veces levanta la voz y a veces comete errores. Pero la diferencia abismal es que ahora sabe parar a tiempo. Puede preguntarse si realmente merece la pena desgastarse en esa batalla, puede apartarse un segundo a respirar, autorregularse y volver desde la calma. Y, sobre todo, ya no se queda machacándose durante horas pensando que es la peor madre del planeta.
No necesitas ser una madre perfecta para transformar la relación con tus hijos. Necesitas comprender qué te pasa a ti cuando ellos aprietan ese botoncito que te lleva de 0 a la niña del Exorcista en 3 segundos.
🎙️ Puedes escuchar la conversación completa con Romina dándole directamente al botón rosa que te dejo aquí abajo.
Dejar de prometer para empezar a entender
Si mientras me lees piensas: «Raquel, es que es tal cual… Sé perfectamente cómo quiero hacerlo, pero llega el momento de la verdad y me desbordo»… entonces ha llegado la hora de dejar de preguntarte qué hacer con tu hijo y empezar a mirar qué está pasando contigo.
Te invito a dar el paso y reservar una Sesión de Claridad gratuita conmigo.
En este primer encuentro individual analizaremos qué patrón invisible se está repitiendo en tu casa, qué se está activando dentro de ti antes del grito y qué necesitas para empezar a relacionarte con tu familia desde la seguridad y la paz. Y después valoraremos juntas si la mentoría Vínculo es el camino adecuado para ti. Quizás ha llegado el momento de dejar de acostarte prometiendo «mañana lo haré mejor» y empezar a entender lo que necesitas para hacerlo diferente hoy. Haz clic abajo y reserva tu cita.