¡Hola, amiguis! Qué alegría enorme saludarte una semana más por aquí. Ponte cómoda, sírvete algo caliente, haz una pausa de verdad y regálate este ratito para ti, porque hoy vengo a decirte algo que te va a quitar un peso gigantesco de encima.
Mari, déjame hacerte una pregunta muy directa: ¿cuántas cosas sabes ya sobre crianza respetuosa?
Porque si te pareces un poco a la mayoría de las mujeres que llegan a la Escuela RT, te apuesto lo que quieras a que has leído un montón de libros, escuchas podcasts a diario, sigues a decenas de cuentas en redes sociales y te conoces la teoría al dedillo. Sabes perfectamente que no deberías gritar. Sabes que amenazar con castigos no funciona a largo plazo. Sabes que hay que validar las emociones de tus hijos y que los límites tienen que ser firmes pero amorosos. Vamos, amiguis… ¡que si mañana te pusieran un examen teórico de maternidad, sacabas matrícula de honor con honores!
La trampa de las 7:45 de la mañana
El problema real llega cuando son las 7:45 de la mañana de un martes cualquiera. Has dicho cinco veces que se ponga los pantalones, tres que se lave los dientes de una vez, tu hijo te contesta con esa carita de perdonarte la vida por haber interrumpido su existencia… y todo lo que sabías sobre autorregulación emocional se va directamente a tomar por saco.
Y gritas. O amenazas con quitar la tablet. O dices esa frase hiriente que habías jurado por lo más sagrado que jamás saldría de tu boca. Y justo después, en cuanto se cierra la puerta de casa, aparece la trituradora de la culpa: «Joder… si sé perfectamente cómo debería hacerlo… ¿por qué narices vuelvo a reaccionar exactamente igual?».
Saberte la teoría no es lo mismo que sostener tu cuerpo
Hoy quiero que te grabes esto en el corazón: no te faltan herramientas pedagógicas en la mochila. Quizá lo que te sobra es exceso de información… y lo que te falta es conocerte a ti misma.
Porque una cosa es saberte la teoría de memoria sentada en el sofá a las diez de la noche, y otra muy distinta es ser capaz de sostener lo que ocurre dentro de tu propio cuerpo cuando tu hijo te desafía, te contesta mal, pasa olímpicamente de ti o hace precisamente eso que le has dicho quince veces que no haga.
Yo tardé muchísimos años en entenderlo, amiguis. Durante mucho tiempo puse el control de lo que yo sentía en manos de mis hijos:
Si ellos obedecían a la primera, yo estaba tranquila y me sentía una madre maravillosa.
Si no obedecían, me alteraba y sentía que el caos se apoderaba de mi salón.
Si me contestaban de determinada manera, me invadía la sensación amarga de que algo estaba haciendo rematadamente mal.
¿Hacerlo bien para quién?
Hasta que un día la vida me hizo parar y empecé a hacerme preguntas completamente diferentes:
¿Qué me pasa A MÍ cuando no me hacen caso?
¿Por qué necesito desesperadamente que todo salga de esta manera exacta?
¿Y quién narices decidió lo que significa ser una «buena madre»?
Porque igual llevamos media vida dejándonos la piel intentando hacerlo «bien»… sin habernos preguntado nunca: ¿bien para quién?
De todo esto hablo en profundidad en el capítulo del podcast de esta semana. Te cuento por qué puedes tener guardadas 438 herramientas teóricas para validar emocionalmente a tu adolescente y seguir sintiéndote la peor madre del planeta cuando ninguna de ellas te funciona en la vida real. Además, en el episodio te comparto un ejercicio muy sencillo y revelador que te va a dar una cantidad enorme de información sobre ti misma.
Empezar a confiar en la madre que ya eres
Y si mientras me escuchas en el coche o caminando piensas: «Joder, Raquel… es que yo sé perfectamente cómo quiero hacerlo, pero cuando llega el momento caigo en la misma piedra»… entonces ha llegado la hora de dejar de buscar cursos y empezar a mirarte a ti.
Tengo abierta mi agenda para las Sesiones de Claridad.
Es un espacio seguro, íntimo y sin juicios para analizar qué está pasando realmente en tu familia, qué hay detrás de esas discusiones cotidianas que se repiten en bucle y qué parte de todo esto tiene que ver con la forma en la que te estás relacionando contigo misma. Y si durante nuestra charla veo que la mentoría Vínculo es el camino adecuado para ti, te explicaré paso a paso cómo podemos trabajarlo juntas.
Porque grábate esto, amiguis: no necesitas aprender una herramienta más ni leerte otro libro. Necesitas empezar a confiar en la madre que ya eres. Haz clic en el botón rosa de abajo y reserva tu sesión.